Mi vida cambió una mañana cuando abrí el correo. Una carta anónima me informó de que mi madre había cometido un crimen treinta y cinco años antes. El autor de la misiva me citaba en un bar de pescadores del puerto de Baltimore, ordenándome que no le hablara a nadie de esa historia. Había enterrado a mi madre en Londres al principio de la primavera; el verano llegaba a su fin, y yo estaba lejos de haber concluido el duelo. ¿Qué habríais hecho en mi lugar? Probablemente habríais cometido el mismo error que yo».