Así arranca el relato de Flora Conway, novelista de gran prestigio y aún mayor discreción. Nadie se explica cómo ha desaparecido Carrie. La puerta y las ventanas del piso estaban cerradas, las cámaras del vetusto edificio neoyorquino no han captado a ningún intruso. La investigación policial resulta infructuosa.

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, un escritor con el corazón hecho trizas se atrinchera en una casa destartalada. Es el único que sabe la clave del misterio. Pero Flora va a desentrañarlo.